Mostrando entradas con la etiqueta CÉSAR VALLEJO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CÉSAR VALLEJO. Mostrar todas las entradas

ABSOLUTA - Cesar Vallejo

POEMA - ABSOLUTA

Color de ropa antigua. Un julio a sombra,
y un agosto recién segado. Y una
mano de agua que injertó en el pino
resinoso de un tedio malas frutas.

Ahora que has anclado, oscura ropa,
tornas rociada de un suntuoso olor
a tiempo, a abreviación... Y he cantado
el proclive festín que se volcó.

Mas ¿no puedes, Señor, contra la muerte,
contra el límite, contra lo que acaba?
¡Ay, la llaga en color de ropa antigua,
cómo se entreabre y huele a miel quemada!

¡Oh unidad excelsa! ¡Oh lo que es uno por todos!
¡Amor contra el espacio y contra el tiempo!
Un latido único de corazón;
un solo ritmo: ¡Dios!

Y al encogerse de hombros los linderos
en un bronco desdén irreductible,
hay un riego de sierpes
en la doncella plenitud del 1.
¡Una arruga, una sombra!


NACIONALIDAD: Peruano

Seguir Leyendo...

LOS MINEROS SALIERON DE LA MINA - Cesar Vallejo

POEMA - LOS MINEROS SALIERON DE LA MINA

Los mineros salieron de la mina 
remontando sus ruinas venideras, 
fajaron su salud con estampidos 
y, elaborando su función mental 
cerraron con sus voces 
el socavón, en forma de síntoma profundo.

¡Era de ver sus polvos corrosivos! 
¡Era de oír sus óxidos de altura! 
Cuñas de boca, yunques de boca, aparatos de boca (¡Es formidable!)

El orden de sus túmulos, 
sus inducciones plásticas, sus respuestas corales,
agolpáronse al pie de ígneos percances 
y airente amarillura conocieron los trístidos y tristes, 
imbuidos 
del metal que se acaba, del metaloide pálido y pequeño.

Craneados de labor, 
y calzados de cuero de vizcacha, 
calzados de senderos infinitos, 
y los ojos de físico llorar, 
creadores de la profundidad, 
saben, a cielo intermitente de escalera, 
bajar mirando para arriba, 
saben subir mirando para abajo.

¡Loor al antiguo juego de su naturaleza, 
a sus insomnes órganos, a su saliva rústica! 
¡Temple, filo y punta, a sus pestañas! 
¡Crezcan la yerba, el liquen y la rana en sus adverbios! 
¡Felpa de hierro a sus nupciales sábanas! 
¡Mujeres hasta abajo, sus mujeres! 
¡Mucha felicidad para los suyos! 
¡Son algo portentoso, los mineros
remontando sus ruinas venideras, 
elaborando su función mental 
y abriendo con sus voces 
el socavón, en forma de síntoma profundo! 
¡Loor a su naturaleza amarillenta, 
a su linterna mágica, 
a sus cubos y rombos, a sus percances plásticos, 
a sus ojazos de seis nervios ópticos 
y a sus hijos que juegan en la iglesia 
y a sus tácitos padres infantiles! 
¡Salud, oh creadores de la profundidad...! (Es formidable.) 


NACIONALIDAD: Peruano


Seguir Leyendo...

Y SI DESPUÉS DE TANTAS PALABRAS... _ Cesar Vallejo

POEMA - Y SI DESPUÉS DE TANTAS PALABRAS...

¡Y si después de tantas palabras, 
no sobrevive la palabra! 
¡Si después de las alas de los pájaros, 
no sobrevive el pájaro parado!
¡Más valdría, en verdad, 
que se lo coman todo y acabemos!

¡Haber nacido para vivir de nuestra muerte! 
¡Levantarse del cielo hacia la tierra 
por sus propios desastres
y espiar el momento de apagar con su sombra su tiniebla!
¡Más valdría, francamente, 
que se lo coman todo y qué más da...!

¡Y si después de tanta historia, sucumbimos, 
no ya de eternidad, 
sino de esas cosas sencillas, como estar 
en la casa o ponerse a cavilar! 
¡Y si luego encontramos, 
de buenas a primeras, que vivimos, 
a juzgar por la altura de los astros, 
por el peine y las manchas del pañuelo! 
¡Más valdría, en verdad, 
que se lo coman todo, desde luego!

Se dirá que tenemos 
en uno de los ojos mucha pena 
y también en el otro, mucha pena 
y en los dos, cuando miran, mucha pena... 
Entonces... ¡Claro!... Entonces... ¡ni palabra! 


NACIONALIDAD: Peruano

Seguir Leyendo...

TRILCE - CÉSAR VALLEJO

POEMA - ¨"TRILCE "
                 I

Quién hace tanta bulla y ni deja 
Testar las islas que van quedando.

Un poco más de consideración 
en cuanto será tarde, temprano, 
y se aquilatará mejor
el guano, la simple calabrina tesórea 
que brinda sin querer, 
en el insular corazón,
salobre alcatraz, a cada hialóidea 
grupada.
Un poco más de consideración, 
y el mantillo líquido, seis de la tarde 
de los más soberbios bemoles.

Y la península párase 
por la espalda, abozaleada, impertérrita 
en la línea mortal del equilibrio.


                   II

Tiempo Tiempo.

Mediodía estancado entre relentes. 
Bomba aburrida del cuartel achica 
tiempo tiempo tiempo tiempo.


Era Era.

Gallos cancionan escarbando en vano. 
Boca del claro día que conjuga 
era era era era.


Mañana Mañana.

El reposo caliente aún de ser. 
Piensa el presente guárdame para 
mañana mañana mañana mañana


Nombre Nombre.

¿Qué se llama cuanto heriza nos? 
Se llama Lomismo que padece 
nombre nombre nombre nombrE. 


                IX

Vusco volvvver de golpe el golpe. 
Sus dos hojas anchas, su válvula 
que se abre en suculenta recepción 
de multiplicando a multiplicador, 
su condición excelente para el placer, 
todo avía verdad.

Busco volvver de golpe el golpe. 
A su halago, enveto bolivarianas fragosidades 
a treintidós cables y sus múltiples, 
se arrequintan pelo por pelo 
soberanos belfos, los dos tomos de la Obra, 
y no vivo entonces ausencia, 
ni al tacto.

Fallo bolver de golpe el golpe. 
No ensillaremos jamás el toroso Vaveo 
de egoísmo y de aquel ludir mortal 
de sábana, 
desque la mujer esta 
¡cuánto pesa de general!

Y hembra es el alma de la ausente. 
Y hembra es el alma mía.


                     X

Prístina y última piedra de infundada 
ventura, acaba de morir 
con alma y todo, octubre habitación y encinta. 
De tres meses de ausente y diez de dulce. 
Cómo el destino,
mitrado monodáctilo, ríe.

Cómo detrás desahucian juntas 
de contrarios. Cómo siempre asoma el guarismo 
bajo la línea de todo avatar.

Cómo escotan las ballenas a palomas.
Cómo a su vez éstas dejan el pico
cubicado en tercera ala.
Cómo arzonamos, cara a monótonas ancas.

Se remolca diez meses hacia la decena,
hacia otro más allá.
Dos quedan por lo menos todavía en pañales.
Y los tres meses de ausencia.
Y los nueve de gestación.

No hay ni una violencia.
El paciente incorpórase,
y sentado empavona tranquilas misturas.


                     XVIII

Oh las cuatro paredes de la celda. 
Ah las cuatro paredes albicantes 
que sin remedio dan al mismo número.

Criadero de nervios, mala brecha, 
por sus cuatro rincones cómo arranca 
las diarias aherrojadas extremidades.

Amorosa llavera de innumerables llaves, 
si estuvieras aquí, si vieras hasta 
qué hora son cuatro estas paredes. 
Contra ellas seríamos contigo, los dos, 
más dos que nunca. Y ni lloraras, 
di, libertadora!

Ah las paredes de la celda. 
De ellas me duele entretanto, más 
las dos largas que tienen esta noche 
algo de madres que ya muertas 
llevan por bromurados declives, 
a un niño de la mano cada una.

Y sólo yo me voy quedando, 
con la diestra, que hace por ambas manos, 
en alto, en busca de terciario brazo 
que ha de pupilar, entre mi dónde y mi cuándo,
esta mayoría inválida de hombre.

                XXVIII

He almorzado solo ahora, y no he tenido
madre, ni súplica, ni sírvete, ni agua,
ni padre que, en el facundo ofertorio
de los choclos, pregunte para su tardanza
de imagen, por los broches mayores del sonido.

Cómo iba yo a almorzar. Cómo me iba a servir
de tales platos distantes esas cosas,
cuando habráse quebrado el propio hogar,
cuando no asoma ni madre a los labios.
Cómo iba yo a almorzar nonada.

A la mesa de un buen amigo he almorzado
con su padre recién llegado del mundo,
con sus canas tías que hablan
en tordillo retinte de porcelana,
bisbiseando por todos sus viudos alvéolos;
y con cubiertos francos de alegres tiroriros,
porque estánse en su casa. Así, ¡qué gracia!
Y me han dolido los cuchillos
de esta mesa en todo el paladar.

El yantar de estas mesas así, en que se prueba
amor ajeno en vez del propio amor,
torna tierra el brocado que no brinda la
MADRE,
hace golpe la dura deglución; el dulce,
hiel; aceite funéreo, el café.

Cuando ya se ha quebrado el propio hogar,
y el sírvete materno no sale de la
tumba,
la cocina a oscuras, la miseria de amor.

                    LXV
Madre, me voy mañana a Santiago,
a mojarme en tu bendición y en tu llanto.
Acomodando estoy mis desengaños y el rosado
de llaga de mis falsos trajines.

Me esperará tu arco de asombro,
las tonsuradas columnas de tus ansias
que se acaban la vida. Me esperará el patio,
el corredor de abajo con sus tondos y repulgos
de fiesta. Me esperará mi sillón ayo,
aquel buen quijarudo trasto de dinástico
cuero, que para no más rezongando a las nalgas
tataranietas, de correa a correhuela.

Estoy cribando mis cariños más puros.
Estoy ejeando ¿no oyes jadear la sonda?
¿no oyes tascar dianas?
estoy plasmando tu fórmula de amor
para todos los huecos de este suelo.
Oh si se dispusieran los tácitos volantes
para todas las cintas más distantes,
para todas las citas más distintas.

Así, muerta inmortal. Así.
Bajo los dobles arcos de tu sangre, por donde
hay que pasar tan de puntillas, que hasta mi padre
para ir por allí,
humildóse hasta menos de la mitad del hombre,
hasta ser el primer pequeño que tuviste.

Así, muerta inmortal.
Entre la columnata de tus huesos
que no puede caer ni a lloros,
y a cuyo lado ni el destino pudo entrometer
ni un solo dedo suyo.

Así, muerta inmortal.
           Así.
  


AUTOR: César Vallejo
NACIONALIDAD: peruano


Seguir Leyendo...

MAYO - CÉSAR VALLEJO

POEMA - MAYO

Vierte el humo doméstico en la aurora 
su sabor a rastrojo; 
y canta, haciendo leña, la pastora 
un salvaje aleluya!
Sepia y rojo.

Humo de la cocina, aperitivo 
de gesta en este bravo amanecer. 
El último lucero fugitivo 
lo bebe, y, ebrio ya de su dulzor, 
¡oh celeste zagal trasnochador! 
se duerme entre un jirón de rosicler.


Hay ciertas ganas lindas de almorzar, 
y beber del arroyo, y chivatear! 
Aletear con el humo allá, en la altura; 
o entregarse a los vientos otoñales 
en pos de alguna Ruth sagrada, pura, 
que nos brinde una espiga de ternura 
bajo la hebraica unción de los trigales!

Hoz al hombro calmoso, 
acre el gesto brioso, 
va un joven labrador a Irichugo.
Y en cada brazo que parece yugo 
se encrespa el férreo jugo palpitante 
que en creador esfuerzo cuotidiano 
chispea, como trágico diamante, 
a través de los poros de la mano 
que no ha bizantinado aún el guante. 
Bajo un arco que forma verde aliso, 
¡oh cruzada fecunda del andrajo! 

La zagala que llora 
su yaraví a la aurora,
recoge ¡oh Venus pobre! 
frescos leños fragantes 
en sus desnudos brazos arrogantes
esculpidos en cobre. 
En tanto que un becerro, 
perseguido del perro, 
por la cuesta bravía
corre, ofrendando al floreciente día 
un himno de Virgilio en su cencerro!

Delante de la choza 
el indio abuelo fuma; 
y el serrano crepúsculo de rosa, 
el ara primitiva se sahúma 
en el gas del tabaco. 
Tal surge de la entraña fabulosa 
de epopéyico huaco, 
mítico aroma de broncíneos lotos, 
el hilo azul de los alientos rotos!



AUTOR: César Vallejo
NACIONALIDAD: peruano
Seguir Leyendo...

YESO - CÉSAR VALLEJO


POEMA - YESO

Silencio. Aquí se ha hecho ya de noche, 
ya tras del cementerio se fue el sol; 
aquí se está llorando a mil pupilas: 
no vuelvas; ya murió mi corazón. 
Silencio. Aquí ya todo está vestido 
de dolor riguroso; y arde apenas, 
como un mal kerosene, esta pasión.

Primavera vendrá. Cantarás «Eva» 
desde un minuto horizontal, desde un 
hornillo en que arderán los nardos de Eros. 
¡Forja allí tu perdón para el poeta, 
que ha de dolerme aún, 
como clavo que cierra un ataúd!

Mas... una noche de lirismo, tu 
buen seno, tu mar rojo 
se azotará con olas de quince años, 
al ver lejos, aviado con recuerdos 
mi corsario bajel, mi ingratitud.
Después, tu manzanar, tu labio dándose, 
y que se aja por mí por la vez última, 
y que muere sangriento de amar mucho, 
como un croquis pagano de Jesús.

¡Amada! Y cantarás; 
y ha de vibrar el femenino en mi alma, 
como en una enlutada catedral

AUTOR: César Vallejo
NACIONALIDAD: peruano
Seguir Leyendo...

ROMERÍA - CÉSAR VALLEJO

POEMA - ROMERÍA

Pasamos juntos. El sueño 
lame nuestros pies qué dulce; 
y todo se desplaza en pálidas
renunciaciones sin dulce.

Pasamos juntos. Las muertas 
almas, las que, cual nosotros, 
cruzaron por el amor, 
con enfermos pasos ópalos, 
salen en sus lutos rígidos 
y se ondulan en nosotros.
Amada, vamos al borde 
frágil de un montón de tierra. 
Va en aceite ungida el ala, 
y en pureza. Pero un golpe, 
al caer yo no sé dónde, 
afila de cada lágrima 
un diente hostil.

Y un soldado, un gran soldado, 
heridas por charreteras, 
se anima en la tarde heroica, 
y a sus pies muestra entre risas, 
como una gualdrapa horrenda, 
el cerebro de la Vida.

Pasamos juntos, muy juntos, 
invicta Luz, paso enfermo; 
pasamos juntos las lilas
mostazas de un cementerio.



AUTOR: César Vallejo
NACIONALIDAD: perú


Seguir Leyendo...

SAUCE - CÉSAR VALLEJO

POEMA - SAUCE

Lirismo de invierno, rumor de crespones, 
cuando ya se acerca la pronta partida;
agoreras voces de tristes canciones 
que en la tarde rezan una despedida.

Visión del entierro de mis ilusiones 
en la propia tumba de mortal herida. 
Caridad verónica de ignotas regiones, 
donde a precio de éter se pierde la vida.

Cerca de la aurora partiré llorando; 
y mientras mis años se vayan curvando, 
curvará guadañas mi ruta veloz.

Y ante fríos óleos de luna muriente, 
con timbres de aceros en tierra indolente,
cavarán los perros, aullando, ¡un adiós!


AUTOR: César Vallejo
NACIONALIDAD: peruano
Seguir Leyendo...

BORDAS DE HIELO - CÉSAR VALLEJO


POEMA - BORDAS DE HIELO

Vengo a verte pasar todos los días, 
vaporcito encantado siempre lejos... 
¡Tus ojos son dos rubios capitanes; 
tu labio es un brevísimo pañuelo 
rojo que ondea en un adiós de sangre!

Vengo a verte pasar; hasta que un día, 
embriagada de tiempo y de crueldad, 
vaporcito encantado siempre lejos, 
¡la estrella de la tarde partirá!
Las jarcias; vientos que traicionan; vientos 
¡de mujer que pasó! 
Tus fríos capitanes darán orden; 
¡y quien habrá partido seré yo...!

AUTOR: César Vallejo
NACIONALIDAD: peruano

Seguir Leyendo...

LOS HERALDOS NEGROS - POEMA


POEMA - LOS HERALDOS NEGROS

Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé! 
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, 
la resaca de todo lo sufrido 
se empozara en el alma... ¡Yo no sé!

Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras 
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte. 
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas; 
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma 
de alguna fe adorable que el Destino blasfema. 
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones 
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre... Pobre... ¡pobre! Vuelve los ojos, 
como cuando por sobre el hombro nos llama una palmada; 
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido se empoza, 
como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé! 

AUTOR: César Vallejo
NACIONALIDAD: peruano
Seguir Leyendo...
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...